Uno no muere cuando el corazón deja de latir, sino cuando los latidos ya no tienen sentido…

" - Micro a Buenos Aires, empresa Flecha Bus, plataforma número 2" - se escuchó en los parlantes de la Terminal de Concepción del Uruguay.

Se habían conocido a través de la red. Ella, en un día nublado y frío en Mar del Plata, de esos en que la nostalgia y la soledad muerden, le mandó un mensaje que decía:

"¿Me habrás conocido en algún tren, con mi mochila, en algún continente? Habrás fotografiado justo aquel paisaje que he pintado o filmado? ¿Habremos amanecido al aire libre, picoteados por el mismo tipo de mosquitos? Tal vez, por tener tanta alma viajera, habremos estado conociendo el mundo justo en la misma esquina, y no nos vimos, por estar conociéndonos a nosotros mismos. Aprovecho este “stop” para lanzar una bengala nocturna, y me localices. Mónica

Él no sabía que hacer! Estaba cansado, harto de las boludeces de la web, de los mensajes sin sentido, vacíos, de las relaciones virtuales, ligths e inconsecuentes. Pero este mensaje lo intrigaba bastante porque su contenido le hacía suponer, creer, que la mina era alguien muy especial, una alma viajera, tal cómo él. Una especie de alma gemela. ¿Sería verdad?

Desde hace mucho que Juan había desistido de encontrar su "media naranja" a través de la red, aunque reconocía las capacidades de una herramienta de comunicación tan poderosa como la world wide web. Siempre que resolvía contestar a algún mensaje de este tipo, por lo general la comunicación se terminaba de forma abrupta, después de dos o tres e-mails. ¿Porque sería? ¿Sería que él no se sabía expresar de forma clara? ¿Sería que hablaba algún idioma "raro", que las mujeres no entendían? ¿Qué era lo que pasaba realmente?

Se acordó entonces de una frase que había leído en algún lugar: "No intentar algo por miedo a equivocarse, es como suicidarse por miedo a morir". Él siempre había luchado por sus sueños y los había cumplido a todos, una de cada vez, y no solía dar la espalda a los desafíos.

Resolvió entonces contestar el mensaje. Se daba la feliz coincidencia de que el mensaje había llegado justamente el día que había viajado desde los Esteros del Iberá a Colón, Entre Ríos, después de cinco semanas sin teléfono ni Internet. Incluso su familia en Galicia no sabía se estaba muerto o vivo, adónde estaba, que hacía. ¿Sería el mensaje apenas una feliz coincidencia, u algo más, una de esas cosas raras que nos pasan en la vida, y para las cuáles no tenemos una explicación racional, razonable. ¿La “mano del destino"?

Juan era un hombre de valores, de ideas claras en cuánto a lo que quería de la vida y también de lo que buscaba en una relación de pareja: vivir de forma tranquila, en contacto con la Pachamama, recibir y brindar cariño, afecto, ternura, sexo con emoción, con sentimiento, buscar la fusión con su pareja, el Amor al fin!

Sabía que en estos tiempos la gran mayoría de la gente habla de otras cosas, de celulares de ultima generación, de ropa de marca, de lugares de moda adónde pasarse las vacaciones, etc. No soportaba tanta tontería, tanto vacío espiritual, tanta falta de sensibilidad y de profundidad en las relaciones. "¿Para qué voy a contestarle a la mina sí, casi seguro, el destino de mí mensaje es el mismo que otros que ya he enviado en otros momentos, a otras mujeres?" - pensaba mientras leía una y otra vez el desafiador mensaje de invitación.

Ella contestó! Arreglaron un primer encuentro para chatear... a él le gustó el buen humor de la piba. Dijeron algunas pavadas, él le mostró la lengua, ella le mostró sus mamas a través de la cámara web. Pero, de a poquito, e a pesar de la desconfianza y de los nervios, la relación se fue profundizando, ella le dijo cosas lindas, le brindó su ternura, su hambre de infinito, él se sentía cada vez más enamorado de ésa mujer “casi” virtual - la cámara era el único vínculo "real" que los ataba, una especie de cordón umbilical muy frágil e etéreo - pero su corazón le decía que debía de confiar en ella. ¿Porqué no?

Juan decidió entonces llamarla, por teléfono. Su voz era agradable, el tono cariñoso. Parecía una mujer realmente especial, real y con sentimientos serios. Estaba decidido a subirse a un micro, viajar 300 Km e ir a encontrarse con alguien que nunca había visto en su vida, pero cuya sensibilidad y filosofía de vida coincidían con la suya, con un lenguaje propio de quien ya se había comido el polvillo de los caminos y sentido el ardor del sol y de los mosquitos en la piel. Su corazón le decía que sí, que sus latidos seguían haciendo sentido, y que, en la vida como en el amor, solamente disfrutamos cuando arriesgamos.

" - Micro a Buenos Aires, empresa Flecha Bus, plataforma número 2" -, se escuchó por segunda vez en los parlantes.

Juan respiró hondo. Ajustó el morral sobre el hombro y se acomodó el sombrero, mientras se acercaba ao micro. Delante suyo, el chofer revisaba los boletos uno por uno, con esa calma de quien lleva media vida viendo partir historias ajenas. Cuando llegó su turno, entregó el pasaje. Ya no había vuelta atrás.

"Al final - pensó Juan - buscando mi destino, concluyo por pensar que, en el buscar mi felicidad, consiste mi destino". El gran viaje iba a comenzar!

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Miércoles, 2 de noviembre de 2005

Previous
Previous

O mundo como espelho

Next
Next

A gaivota e a bolacha Maria